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Una Herencia que corre por las venas

05 Nov, 2026

Una Herencia que corre por las venas

En el kilómetro 7 de San Juan y Martínez, donde el aroma del tabaco se mezcla con el aire fresco del campo, vive Maria Elena Cabrera Cabrera, una mujer que ha convertido la tradición familiar en el motor de su vida. Su historia con la hoja más preciada de Cuba comenzó desde muy pequeña, cuando correteaba entre las plantaciones de la finca que pertenecía a sus abuelos.

Aquella tierra, que pasó de generación en generación, llegó a manos de sus padres, quienes le inculcaron dos grandes amores: el trabajo en el campo y la importancia de superarse profesionalmente. "Mis padres siempre me decían que debía estudiar una carrera universitaria, pero nunca me alejé del trabajo en la finca", recuerda Maria Elena. Y así fue: se graduó como abogada, profesión que desempeña hasta la actualidad, sin que ello significara renunciar a su pasión por la tierra.

El momento de asumir el reto

El año 2022 marcó un antes y un después en su vida. Con el fallecimiento de sus padres, Maria Elena quedó al frente de todo, acompañada por su esposo y sus dos hijas. Lejos de amedrentarse, asumió la responsabilidad con la entereza de quien lleva el campo en la sangre.

"Yo he ido creciendo a medida que pasa el tiempo, poco a poco voy incrementando las tierras y aumentando la producción", cuenta con satisfacción. El año pasado sembró una hectárea de tabaco tapado y diez de tabaco al sol, y para este año ya proyecta crecer en 1.5 hectáreas de tapado y 2 de tabaco al sol.

Una familia que rema junta

El éxito de Maria Elena no sería posible sin el apoyo incondicional de su familia. Su esposo y sus dos sobrinos se vinculan a las labores del campo, mientras sus hijas, de 12 y 15 años, han ido aprendiendo el oficio como ella lo hizo en su infancia. "La mayor, cuando llega de la escuela, se pone a trabajar en lo que sea necesario para ayudarme", comenta con orgullo.

Hoy la finca cuenta con 60 trabajadores y una producción diversificada que incluye, además del tabaco,  cultivos varios y la cría de cerdos. Gracias a los beneficios del grupo empresarial Tabacuba, Maria Elena ha podido adquirir un tractor, un sistema fotovoltaico de riego,  36 aposentos distribuidos en 4 casas de cura natural, y una escogida por gestión propia.

El fruto del esfuerzo

Para Maria Elena, sembrar tabaco es lo mejor que le ha pasado. "Ir viendo los resultados y el fruto de mi trabajo es muy gratificante, sobre todo cuando se cuenta con el apoyo de toda la familia", afirma. Su historia es la de una mujer que supo equilibrar la profesión de abogada con la vocación agrícola heredada, demostrando que es posible honrar el legado familiar sin renunciar a los sueños propios.

Si le preguntan qué quisiera ahora mismo, no lo duda: "Tener más tierra para sembrar más tabaco". Porque en cada hectárea que cultiva, en cada hoja que ve crecer, Maria Elena Cabrera Cabrera encuentra la esencia de una vida dedicada a la tierra y a la familia, esa que le enseñó que el verdadero fruto del trabajo se cosecha con amor.

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